Un paso por página: recorriendo las emblemáticas librerías de Bogotá

Un paso por página: recorriendo las emblemáticas librerías de Bogotá

Una tarde de sábado libre y no sabes qué plan cultural hacer. ¿Por qué no recorrer las librerías de Bogotá en búsqueda de una buena historia?

Muchas veces, encontramos nuevas lecturas, las ordenamos en línea y esperamos a que pasen semanas antes de tenerlas en nuestras manos. Si bien esta opción puede resultar muy útil; a veces esperar tanto tiempo mata nuestro interés o los precios suelen ser desorbitantes. Además, no todo se encuentra por Internet. Yo he tenido muchísimos problemas para encontrar ediciones nacionales algo antiguas. Asimismo, si no sales de casa, sueles perder la oportunidad de conocer lo que la escena local independiente tiene para ofrecer. Entonces, ¿qué alternativa tenemos? En este blog, te propongo una, recorrer las librerías de Bogotá.

No te lo imagines como un viaje de negocios, algo que va directo al grano. Piénsalo mejor como una cita o una buena historia. Es la excusa perfecta para darte la oportunidad de recorrer la ciudad, preguntarte hace cuánto tiempo no pasabas por ciertas calles, tomarte unas onces y sentarte en un parque. ¿Quién sabe qué te puedas encontrar por tu aventura? Piénsalo, la escena de la cultura bogotana y las librerías suelen ir de la mano. Después de tu nueva adquisición literaria, puede haber tiempo para unas polas en toque, un vinito en un recital o, al menos, darle la oportunidad a un salón de arte.

Además de un espacio de reflexión sobre la lectura, este blog será un mapa de las librerías icónicas de Bogotá. La idea es que apuntes en tu agenda nuestra lista de tesoros escondidos, los nuevos exponentes y los infaltables. Ponle fecha límite a ese libro que siempre se te escapa. Atrévete a buscar lo que no se te ha perdido entre los estantes de tu categoría favorita. Y cuando ya no tengas nada más que leer, acude a tu librero de confianza.

Una vida no leída            

Hay muchas formas de habitar la vida y la ciudad. Algunas muy rutinarias, sí. Casi todos los días salimos  de casa al trabajo, de este a la universidad, luego al gimnasio.... Casi todas las noches volvemos a nuestras camas. Pero nuestras rutinas no tienen la precisión milimétrica de un convento ni de un cuartel. Siempre guardamos lugar para algo distinto, para darnos nuestro gustico. No hay nadie que soporte la vida sin los paliativos para ese mal de la monotonía. Hay y son necesarias las vivencias esporádicas. Aquí me refiero a los encuentros con las diversiones conocidas; pero, también, a los descubrimientos. Ocasiones que se anotan en el calendario, las que se esperan como la navidad, las que se lloran como en un cumpleaños. Mes a mes, por ejemplo, nos reencontramos con la cerveza de la farra; de vez en cuando, estrenamos el nuevo restaurante de moda.

Asimismo, hay otro tipo de experiencias. Unas que son completamente singulares, verdaderos acontecimientos. Estas son del todo novedosas porque, en su aparición, nos descolocan y se niegan a ser previsibles. No hablo de perderse en el desierto, tampoco de caer dentro de una conspiración internacional. Estos son momentos pequeños. Por ejemplo, esos atardeceres de los lugares por los que siempre hemos pasado, pero nunca a esa hora. Ellos son una ventana abierta que siempre había estado cerrada.

Hasta aquí hay un panorama bastante completo. Dispuesta de este modo, nuestra vida puede ser apreciada como una tambaleante procesión. Una que, en ausencia de una verdadera tragedia, suele restringirse a una geografía y un itinerario muy delimitados. Entonces, en nuestros días, somos como ese niño que mira por la ventana del salón cuando se aburre de la clase.

¿Para qué leer?

No obstante, hay formas de descolocar nuestra experiencia. Como quien dice, salir al recreo. Aquí, yo no me refiero a nada extraordinario, ni exótico. De lo que yo hablo es algo más común y quizás muy banalizado: la posibilidad de jugar a ser otro. De avivar sus palabras con las sensaciones de nuestro cuerpo. Así como en el teatro, sólo que no hay espectadores. Esto no es algo que se muestra. Es uno de los actos más íntimos que sobreviven a tanta cámara. No es algo que se haga secreto; pero que, simplemente, verlo de lejos es francamente aburridísimo. No me refiero a otra cosa distinta a la lectura.

Fotografía de Marta Traba con Bernardo Romero Lozano grabando para televisión nacional Entrevista imaginaria

 

Yo creo que todo lo que se encuentra dentro de la lectura es siempre ajeno, algo que le pertenece a alguien más. Desde la novela más renombrada hasta el manual de la lavadora. La escritura es el sello preferente de la singularidad. Considero que encontraremos primero a dos sujetos con huellas dactilares idénticas mucho antes que a dos, que compartan el mismo vocabulario, ritmo, referencias,… Que quede claro, leer es gestar en mi foro interno una voz ajena y asumir el resultado de decisiones ajenas como propias. Para bien o para mal. A eso nos comprometemos, a darnos. Entregamos nuestra atención y nuestra emotividad. Sea al aburrimiento en discusiones interminables de guías y protocolos; sea a la alegría bochornosa de un enamoramiento juvenil en cuerpo ajeno.

Sí, lo que encuentro en la lectura es compromiso y distancia. Mas, nunca dejo de maravillarme. En un libro de arquitectura colonial, encuentro la historia de la conquista de América. En una novela amorosa de una huerfanita francesa, las batallas de Waterloo en los montes de San Juan. En un libro de filosofía, el guion de una película del Quijote.

Tras las páginas del turismo cultural en Bogotá

Ahora bien, si leer es la medicina para una vida sin fantasía; el librero ha de ser nuestro doctor. No obstante, hay una oferta tan grande y amplia. ¿Por dónde empezar? Pareciera que en todos los barrios y cada una de las localidades están las librerías más bonitas de Bogotá. Sin embargo, cada una tiene una oferta distinta. Cuando visito un anticuario, no encuentro libros de ilustración; si visito una tienda de cómics, no hay libros de filosofía. Hay que salir a la calle, sí; pero con un plan. Eso es exactamente lo que queremos ofrecerte en este blog, las herramientas para que traces tus propias rutas según tus intereses. Hoy, te daremos el lápiz con el cual crear un nuevo mapa de la ciudad.
 

 

Empecemos por el centro: Las librerías clásicas de Bogotá 

  • Centro cultural del libro. En la carrera 8ª #15-63, a unas pocas cuadras del Museo del Oro, encontrarás lo que es una institución entre los lugares culturales de Bogotá, un centro comercial compuesto por distintas librerías. Por lo mismo, las temáticas son muy variadas. El ambiente de solidaridad y colaboración impera una vez entras por la puerta principal. Sin importar en qué negocio estén, todos están dispuestos a ayudarte a encontrar ese raro ejemplar que siempre te esquiva.

 

  • Merlín. Siguiendo la misma calle (ahí mismito, en la 8ª #15-70), se encuentra un hito que no requiere carta de presentación. Entre todas las librerías en Bogotá, muy pocas son tan famosas y reconocidas como Merlín. En sus tres pisos, encontrarás un catálogo curado de libros especializados y de literatura universal. Asimismo, entre sus estantes tienen una lista de tesoros editoriales dispuestos a la venta para los coleccionistas. Hay, por ejemplo, primeras ediciones, exlibris (libros marcados por personas o instituciones importantes), ejemplares de colección o limitados, etc. Cada vez que voy, encuentro una edición que no sabía que existía incluso cuando han sido autores que llevo trabajando durante años. Por lo mismo, si tienes un autor favorito o un tema que estés explorando, te aconsejo darles una visita.
  • El Triunfo. Mi favorita. Se encuentra en la carrera 8va # 16-30. Si lo que buscas son ediciones críticas de primera o colecciones completas, el Triunfo es un imperdible. Sus temas son muy variados, hay de todo: catálogos artísticos, textos de literatura local y universal, tratados filosóficos, enciclopedias ilustradas.

 

Chapinero: parándonos duro con las librerías independientes en Bogotá

  • San Librario. Imagínate que un verdadero rock star de la escena cultural colombiana sea tu librero de confianza y perderte entre las montañas de su colección. En este país, ¿cuántos podríamos tener ese gran privilegio? Resulta que todos, al menos, si vamos a comprar nuestros libros con el librovejero, es decir, el gran escritor Álvaro Castillo Granada. Dentro de su local, puedes encontrar una curaduría que responde a más de 28 años de experiencia en el oficio. Si te gusta la lectura, la edición o la literatura, conocerlo es un privilegio que no te puedes perder.

 

  • La Valija de Fuego. Muchas veces el turismo cultural en Bogotá resulta ser muy postizo. Por nuestras calles, circundan una diversidad desbordante de imágenes, voces y sonidos. No obstante, hay veces en que muchos planes reproducen una imagen artificial de lo que es ser bogotano y no representan la riqueza de nuestra ciudad. Si quieres un lugar con una apuesta genuina, entonces la Valija de fuego es para ti. Esta librería se ha posicionado como la primera defensora de la cultura underground (caleta) bogotana. En ella encontrarás accesorios de producción nacional, libros de editoriales locales, elementos gráficos y un café muy sabroso. ¿En dónde? En la carrera séptima con calle 45-52. No olvides, también la diversidad de su oferta cultural. Aquí hay conversatorios, toques, cine foros; es decir, todo lo que mata un despache en un viernes por la tarde.
  • Librería Quevedo. Con los precios y descuentos de la librería Quevedo, si no compras libros bonitos es porque no quieres. Como San Librario, este también se encuentra en el barrio  Quinta Camacho. Para ser precisos, se ubica en la carrera 11 #67-24. Aquí encontrarás una oferta de libros académicos continuamente reabastecida.


Por las librerías de Teusaquillo

Tacho, metacho. Antes de discurrirme en la palabra y empezar mi elocuente lista de librerías imperdibles en Teusaquillo debo dar un disclaimer. Más que una aclaración, será una admisión de derrota. Pille, no alcanzaran las palabras en esta vida ni en la siguiente para presentarte todas esas casas del libro alrededor del Parkway y la Universidad Nacional. Es que hay de todo, librerías de medicina, ingeniería, música, teatro; lo que quieras y esté escrito ahí está. Por lo pronto me contentaré con presentarles al menos una que me gusta muchísimo.

  • Librería el Dinosaurio. Don Jorge dice que “la suya es una librería de barrio”, un lugar de descubrimiento. Aguarda en la carrera 22 #44ª-30. Al llegar, te recibe una mesa en la calle, repleta de cajas con libros y cds. Es como si quisieran pescarte con caña y cebo. Aquí, comprenden la fascinación que tenemos por la materialidad del libro, el tamaño que sus colores ocupan dentro de nuestra pared. Lo nuestro, no es sólo una afición lectora; Es también la persecución estética de un mural en bloques de color de arte POP. Ya te puedes imaginar que, aquí, los precios son una ganga. Déjame clavarte el puñal en la herida y que no te soportes las ganas de ir. Resulta ser que aquí se logran conseguir ediciones escasas de filosofía y literatura. De esos libros que se saben tan buenos que ya no se dejan ver por la calle.

“Empecé como desesperado —confiesa—, buscando sabiduría y placer en los libros. El libro nos da mucho placer. Solo el contacto, las carátulas, las distintas ediciones, todo eso nos vuelve locos. Y al tiempo pude hacer del libro un objeto comercial, que nos ha dado de comer a mi esposa y a mi hijo”.

Más tarde, el alcalde Andrés Pastrana reubicó a los libreros de la 19 en el edificio Temel y allí fue a parar. A fines de los 90, la zona se saturó de librerías y, en la última década, Ramírez decidió que el futuro de las librerías de usado podía estar en los barrios. En eso ha venido trabajando desde entonces, en la calle 45, cerca de la Universidad Nacional. Había solo una librería de usado en ese sector; hoy se encuentran más de diez..."

Celis Albán, F. (2014, 16 de abril). Mi familia es el motor para seguir vivo. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13844479


¿Olor a nuevo? Otras librerías recomendadas en Bogotá

  • Librería Lerner. Sede centro, cachetosa pero segura. Al lado del parque de los Periodistas y en el mismo edificio donde María Teresa Hicapie hizo su famoso performance, se encuentra la Lerner. A diferencia del resto de librerías en Bogotá que he presentado hasta ahora, esta no trabaja con libros de segunda. Sin embargo, su aporte a la cultura en el país es importante: importan gran cantidad de libros académicos y literarios a un precio razonable. Sin la Lerner, el acceso a estos, en formato físico y en español, sería imposible dentro del país. Además, cabe resaltar, las cátedras que la famosa escritora, Carolina Sanín, dicta de forma continua en sus instalaciones. 
María Teresa Hincapié
María Teresa Hincapié
  • Garabato. Bueno, hasta ahora muy bonito todo: mucho libro de filosofía, mucho de literatura. ¿Dónde puedo comprar mis libros de historia del arte y teoría latinoamericana? No se me ensalce que, en este blog, el menú es variado. Cada año, el Banco de la República saca libros bellísimos de arte nacional y de sus exposiciones temporales; pero no siempre tenemos el tiempo para ir al centro a comprarlos. Una opción viable, es Garabato que tiene dos sedes. Una al lado del museo del Banco en la calle 11 #4-14; y, otra en Teusaquillo, en la carrera 19 #34-61. Aquí también podrás encontrar una selección de libros “escritos en” y “pensando a”  Latinoamérica. Inclusive, tienen una sección continua de recomendaciones curada por distintos escritores y editores de nuestro continente.

 

Invitación al desorden

El objeto de mi discurso han sido librerías recomendadas en Bogotá. No obstante, por un momento, me saltaré las reglas. Todo el que conozca un trancón de viernes a las 6 pm, comprenderá la importancia de puebliar en domingo. Asimismo, aquel que tenga buen gusto, sabrá cuán grosero es dejar los libros más bonitos en los estantes sólo para niños. Resistamos y emprendamos la fuga:

  • Matorral librería. Un ícono de la escena cultural cachaca. Aquí, el entorno es tan importante como la lectura y por ello, te ofrecen experimentarla a través de la conversación y unas buenas onces. En verdad, este es un parchadero: en sus sedes siempre hay una programación de clubes de lectura y presentaciones de libros. Se encuentran en Teusaquillo y en la Macarena, cerca al Museo Nacional y a la sala de arte del Atrio. No obstante, si te encuentras agobiado de la ciudad, ¿por qué no te das un viajecito a la locación en Tabio? Seguramente tendrás una gran conversación con su librero filósofo, Nicolás Mery. Este, un verdadero amigo de todos, es abanderado en pregonar que en el campo la cultura es tan fértil como su tierra.
  • Madriguera del Bosque. Si la búsqueda es para niños de 0 a 99 años especializada en ilustración y en literatura fantástica, un hito turístico, una madriguera maravillosa. Su dueño, Mr. Fox, y sus amigos, reciben en casa a amantes de la creatividad y amor por la belleza hecha libro. Un espacio seguro y libre en el que los niños pueden acceder, por sí mismos, a los estantes. Allí se prescriben libros como medicina para apapachar el alma. Los esperan en la Calle 70 #11-48, en el barrio Quinta Camacho.

Conclusión: volveré endeudado, pero más sabio

Ahora sí, después de este recorrido por las librerías de Bogotá, si sales pa’ la calle, ya no te podes perder. Recuerda, las librerías son mucho más que un lugar para comprar libros. Son la promesa de un sueño. La posibilidad de una conversación que está por llegar después de enfrentar una difusa idea de la ciudad que creemos conocer porque vivimos en ella. Sin embargo, como es avara, siempre guarda una calle más por descubrir. Bogotá está llena de historias esperando a ser encontradas; algunas se esconden en sus páginas, otras detrás de las puertas de una librería. Lo mejor es que, muchas veces, ambas aparecen en el mismo lugar.

Caminar por Bogotá atravesando sus librerías es conocerse en el disfrute de los encuentros insospechados y latir a un ritmo nuevo, el de la literatura. Es la oportunidad de repasar la tradición de una Colombia impresa. Es un llamamiento, la voz de una sirena imperiosa reclamándonos hacía todos los puntos de la ciudad. Al oído, nos llega una nueva consigna, la de delirar en el goce de que acá llega y se reproduce la cultura.

 

Librerías en Bogotá por descubrir y contar

Como cada vez que puedo, te doy la ñapa, este blog no será distinto. Ya no podrás quedarte de brazos cruzados preguntándote qué hacer en la Bogotá Cultural. Aquí está la lista de las librerías de Bogotá que yo, aunque quiera, todavía no conozco. No pierdas la oportunidad de formarte una opinión propia y escribir tus propias historias en este directorio:

  • El telar de las palabras.  Una librería de mujeres en la carrera 22 # 40-07. Un espacio donde convergen artistas visuales y artistas plásticas. Aquí, destacan el papel que el género femenino ha desempeñado en el mundo de la literatura.
  • La Dacha y Montenegro. Una alianza en la que la literatura rusa, eslava y de Europa del Este  asoman entre antigüedades, cócteles, y pastelería francesa. Una invitación a tardear con desenfado entre ventanas al mundo o, al menos, por las de la carrera 4a # 66-19.
  • Ficciones. Entre tapas españolas y cócteles, en el barrio Quinta Camacho por carrera 8 #67-77 se encuentra un bar de libros. Una librería enfocada principalmente en literatura en castellano. 
  • Mirabilia. Librería especializada en ciencia ficción, fantasía y terror. Búscala en la Carrera 23 No 63 b 30, Bogotá, Colombia  
  • Nada. En verdad, una de esas librerías bonitas en Bogotá. Aquí, se ofrece un espacio alternativo en que el arte y la literatura se mezclan para dialogar sobre libros nuevos y procesos editoriales. Si te animas, la encuentras en la carrera 5 # 66 - 11. 
  • Torre de Babel. Si de recorrer librerías de Bogotá se trata, este es un imperdible. Una casa estilo republicano del siglo XIX con 4 pisos de libros ordenados en más de cuatrocientos temas. Compres o vendas, puedes encontrarlos en la carrera 8 (octava) # 16 -14.

 

José Antonio de Uricochea

 

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