Más que una botellita de colores alumbrando la plaza del Chorro de Quevedo; la Chicha Colombiana es, hoy, el testimonio de un pasado en resistencia.
Fo, el amigo del hombre, es el Dios muisca de los sueños, la música, la danza; pero, también de la embriaguez. En la vida, se nos ha reprendido muchas veces por nuestros vicios y se nos dice que el alcohol no lleva a nada bueno. Quién así nos censura, lo hace a través de la prudencia que encarna, sí; pero, a veces, podemos perdonarnos una que otra copita. No todo trago nos lleva a la ruina. Muy al contrario, a través del tiempo, la humanidad ha consagrado su unión y fraternidad en la bebida. A esta la han engrandecido con nombres divinos: Baco, Hathor, Soma… Cada pueblo recurre a los frutos de sus campos para alegrar sus fiestas y conmemorar sus logros. Nosotros, habitantes de los Andes hemos tenido a la mano el maíz. En la chicha colombiana es donde sobreviven las historias de nuestros antecesores.
En el artículo de hoy, recataremos a totumadas el sentido originario de lo que nos pasa por el vaso. La chicha es hoy una expresión de autenticidad bogotana en lugares como la Candelaria, la Perseverancia o Usme Pueblo. No obstante, la sobrevivencia de esta bebida a través de la historia ha sido producto de una resistencia continua. Una lucha indígena contra el conquistador. Una batalla barrial contra las leyes del progreso. A pesar de la escopeta y el bolillo, de la persecución y los castigos, nuestros ancestros conservaron sus recetas. Con ellas, también rescataron los rituales de su alegría.
Una receta tradicional
Antes de iniciar nuestro discurso sobre la historia de la chicha, seamos precisos en los términos. Como quién dice. Iniciemos por el principio; o mejor, vayamos a la semilla. ¿De dónde crece la chicha? Como la mayoría de las bebidas típicas de Colombia del maíz; pero también puede ser del Corozo amarillo o el Chontaduro. Ahora bien, ¿en qué se distingue de un guarapo o un melao? En que esta es una bebida producto de una fruta o vegetal fermentado, que se muele, hierve y endulza con panela.

Still Life (1972), de Fernando Botero. Nota. Tomado de Artchive, s. f., https://www.artchive.com/artwork/still-life-fernando-botero-1972/. Derechos de autor del propietario correspondiente.
Rescatar los significados de las bebidas ancestrales de Colombia
Solemos hablar mucho del patrimonio cultural colombiano, pero a veces nos lo imaginamos como si fuera una estatua griega, bajada del mismo olimpo. Como si aquello que forma nuestra identidad y nuestra visión del mundo fuese igual en todo el territorio y en todas las épocas. No obstante, cuando hablamos del patrimonio, siempre importará el cuándo, el dónde y el para quién. Aún cuando compartamos un mismo espacio geográfico y, quizás un mismo paisaje, no podemos ser soberbios. No debemos asumir que nos las sabemos todas. Que el mundo de hoy nos da una mirada transparente al de ayer. Por ello, es tan importante ejercer la memoria concienzuda y el estudio de la historia.
A ver, …Ya hemos dicho que esta es una bebida tradicional colombiana que se remonta a los tiempos de los pueblos originarios antes de la conquista española. Ahora, preguntémonos: ¿qué significaba la chicha para esos pueblos?
Recurramos a un experto. Según Eduardo Estrella, esta desempeñaba al menos tres funciones.
- Podríamos hablar, primero, de un beber ceremonial. La chicha tenía un lugar en la cosmogonía en las tradiciones de estos pueblos. El maíz del cual estaba hecho simbolizaba la conexión del hombre con las fuerzas del mundo, entre ellas, aquellas del más allá.
- Como segundo ítem está el beber transfigurante. El estadio de embriaguez dentro de la visión de estos pueblos era vista cómo la mediación a ser alguien distinto. Por lo mismo, en la ritualidad, la chicha era la puerta para desdibujar la experiencia de lo humano y participar de fuerzas más profundas.
- Por último, cabe mencionar un beber estimulante. La bebida era vista también como una compañera que alivianaba la dura carga del trabajo en la vida cotidiana.
Las Chicherías de la Colonia
En la época de la colonia, la chicha colombiana subsistía en una situación incómoda. Cuando llegaron y se asentaron los españoles, no le tuvieron mayor aprecio. Era una bebida más fuerte a la que estaban acostumbrados. Además, cuando estos conquistadores observaron la ritualidad de los pueblos originarios, la valoraron como un exceso y una falla en el carácter. De un parecer semejante, fueron los líderes religiosos que se asentaron en este “nuevo mundo” otorgándole las connotaciones negativas que le fue posible. La chicha fue, en ese entonces, el vicio de los borrachos e insípidos, es decir, aquel que no fuese europeo.
No obstante, como ya te lo he dicho, el consumo de esta bebida era una tradición ancestral. Ni los miramientos ni tampoco los duros juicios fueron suficientes para desplazar una costumbre tan arraigada a diversos aspectos en la vida de estos pueblos. Por lo mismo, la chicha logró su lugar en la sociedad criolla. ¿En dónde? En las chicherías.
Dentro de estos espacios las mujeres tomaron la batuta de un rol que estuvo reservado, en la antigüedad, a ciertos hombres distinguidos de la tribu. Ellas eran las herederas de esta tradición. Durante muchos años, fueron sus conservadoras siguiendo las recetas de antaño. Con sus manos desgranaban las mazorcas; con sus bocas ensalivaban y molían el grano; en vasija de barro fermentaban y cocinaban la mezcla.
Si Bolívar se va, los soldados hacen fiesta
Entre los muchos enemigos que la chicha ha tenido durante su larguísima historia, también figura el mismísimo Simón Bolívar. El 4 de abril de 1820, él firmó un decreto para prohibir su fabricación y venta en Sogamoso. Aquel que infringiera la norma, según la voluntad de nuestro libertador, se exponía al castigo de la pobreza y el destierro.
¿A qué viene tanta firmeza? Todo tiene su explicación. Cómo podrás llegar a imaginarlo, los estándares en la fabricación de un licor y su higiene han venido variando. Creo que todos estaremos de acuerdo y diremos que han venido mejorando. En las épocas de nuestra Independencia, el licor era tan bueno como la salubridad era pobre. En ese mismo año, 1820, de una borrachera, murieron intoxicados 50 soldados revolucionarios de la división Valdez quedando enfermos más de 100.
Sin embargo, la medida no llegó a mucho. Más puede la costumbre que la tinta. A pesar de que la pena fuera tan dura, la población simplemente ignoró la norma. ¿Y qué puede un ejército contra un pueblo entero y más cuando es el ejército del pueblo?
Los tiempos de la ilegalidad: la prohibición de la chicha colombiana
![]() Museos del Banco de la República. (2022, 10 de noviembre). En 1948 ante la prohibición del consumo de chicha, y la estimulación del consumo de cerveza, se veía esta publicidad en las calles colombianas… [Publicación con imagen]
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En 1948 ocurre uno de los sucesos políticos más grandes de nuestra historia reciente, el Bogotazo.
E inclusive, escenas semejantes (en una escala menor) se replicaron en algunas otras ciudades y provincias del país. El duelo por la pérdida de Gaitan, fue un sentimiento nacional. En ese día de agosto, la inequidad y la desesperanza tajaron nuestra democracia.
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La resistencia barrial
Como te venía diciendo, lo que vino después del bogotazo fue una campaña negra contra la chicha. Tal fue la magnitud del desprestigio, que esta fue prohibida por el decreto 1839 y la ley 34 de 1948. Una vez más, en la historia, los chicheros temieron a la persecución y a la cárcel. Bajo estas condiciones, me preguntarás, ¿cómo fue, entonces, que logró sobrevivir está bebida tradicional? A partir de la resistencia local y clandestina.

Entre los primeros barrios obreros de la ciudad de Bogotá estuvo la Perseverancia, nuestra Perse bella. Esta empezó su construcción a finales del siglo XIX; pero, en 1912 es cuando sus habitantes le otorgan oficialmente su nombre. Dentro de ella, habitaron los primeros trabajadores de la recién inaugurada cervecera Bavaria. Muchos de estos, descendientes de los pueblos indígenas originarios de la sabana de Bogotá; por lo mismo, grandes consumidores de la chicha y el guarapo.
Aun cuando, ellos trabajaban fabricando cerveza a la alemana; al final del día, llegaban a beber del totumo propio de la cultura popular colombiana. Fue con las bebidas tradicionales colombianas que acompañaron sus fiestas y días de descanso porque estas hacían parte de sus tradiciones. ¿Quién se las enseñó a preparar; sino sus abuelos y padres? Para ellos, el sabor de la chicha dejaba a la mente más que la sensación de un paladar amargo porque es su patrimonio. No es simplemente una bebida más, es la dulce compañera de sus recuerdos más alegres.
La prohibición y persecución de 1948 hizo de una tradición pública, una privada. El consumo se hizo lejos del ojo de la autoridad. Las chicherías cerraron. El comercio cesó. Así, en una sobria espera pasó el tiempo; hasta que, en los 80s y frente a todo público, la Perse consagra a la chicha como su emblema.
Vinieron los Vikingos, el parche cultural ochentero de la Perse.
Desde 1948 hasta 1980, el consumo de la chicha de maíz en Bogotá fue clandestino e ilegal. No fuese que la chicha colombiana hubiese desaparecido del mapa, pero sí de las calles. Con el paso del tiempo y sin un esfuerzo activo, muy hubiera quedado en los libros de historia. Sin embargo, precisamente en la Perse, un grupo de jóvenes, llamados lo Vikingos, empezaron a dialogar con los fundadores de su barrio, a coleccionar historias. Ellos comprendieron la importancia que la chicha colombiana tuvo en la historia de vida de los integrantes de su comunidad. Y como si la restricción no existiera, hicieron el primer festival de la Chicha, la vida y la dicha en 1988.
A partir de estos acontecimientos, el barrio retomó las que habían sido sus tradiciones de siempre. Aunque seguían vigentes y lo siguen siendo hoy en día, las restricciones fueron ignoradas por el público y la autoridad. Dentro de la Perseverancia, empezaron a fundarse nuevas chicherías e, inclusive, la venta de la bebida se extendió a otras zonas de la ciudad. Para los bogotanos de la época fue un gusto retomar la costumbre de acompañar el almuerzo de plaza con su vasito de chicha. Hoy en día, lo sigue siendo para nosotros que no necesitamos razones grandes para dedicar nuestras tardes libres a recorrer el centro de la ciudad.
Nuevas tradiciones en Bogotá, embebidas del pasado
Frente a una lucha tan larga dada por tantas manos a través de la historia, podemos considerar esta historia como una victoria del pueblo. La chicha en Bogotá, hoy, se ha tomado las calles y hace parte de la idea que tenemos de ciudad. En lugar de ser un signo de marginalidad, hoy es un emblema de las alegrías cotidianas en nuestra capital. Sí, ella se ha ganado un terreno que no le quita nadie; ya tiene su festival y hasta su museo.

No es una bebida más porque se ha hecho un motivo irremplazable en el álbum de nuestras memorias comunes. En el centro, en pleno Chorro de Quevedo, ella es la compañera de los cirqueros, cuenteros y universitarios. En el sur, Usme pueblo, la merecida recompensa de un paseo dominguero. En la Perse, la memoria material de un barrio que se enorgullece de su origen.
