La cultura no queda en los museos o en las estatuas como colgada en un perchero. Ella, en las bebidas autóctonas de Colombia, nos acompaña cada día e, inclusive, nos besa la boca.
Hoy, que me levanté con sed, me gustaría explorar una parte importante de nuestra identidad, las bebidas autóctonas de Colombia. Dedicarme a ellas que recorren nuestro cuerpo entero todos los días. A ellas que conocí en brazos de mi madre con un tetero de leche y panela. Y no hay nada más cercano ni más propio que a la cultura que besamos todos los días. Hoy quiero enseñarles que la identidad no sólo pasa por la boca cuando se habla ni que todo lo importante se mantiene en un museo. Hoy, gota a gota, les muestro qué tan refrescante y unida es nuestra tierra cuando se comparte el vaso.
A través de este blog hablaremos de muchas de las bebidas típicas colombianas. Quizás tú no las conoces todas, pero no te preocupes. Aquí estoy yo para pintarte a detalle en la imaginación cómo se ven y cómo se hacen estas delicias. Si ves un nombre raro, no entres en pánico. Si quieres, puedes ir al final del texto dónde encontrarás un a, b, c y hasta d… de nuestras bebidas tradicionales colombianas. Si no, también puedes leerte el blog de un solo sorbo y encontrar estas referencias al final del vaso.
Las historias se sirven en copa
Cada vez que empiezo un día, me preparo una taza de tinto y pongo un tema que me sepa de pe a pa. ¿Cómo, entonces, voy a comenzar el día de hoy? Me voy a decantar por los clásicos, los infalibles, los de hoy y siempre. Empezamos el día cantando: “Mozo, sírvame en la copa rota…”. El gallo que me servía de despertador en los domingos de mi adolescencia se llamaba Alci Acosta. Recuerdo bien cómo, armada con este himno, un chocolate caliente y una arepa paisa, mi chuchita¹ inauguraba cada jornada de aseo dominical. Hoy, con mi tintico en mano y la música de fondo, me pongo a pensar en cuántas copas se puede contar la vida de cualquiera. E, inclusive, un buen historiador debería ser capaz de comprender la sociedad moderna a partir de lo que transita por el guagüero².
Asimismo, considero en lo ingrato que he sido y que quizás somos todos con nuestros menjurjes. Con qué facilidad estos pasan desapercibidos como si fueran parte del decorado. ¡Qué error!, nuestras bebidas son el motor y motivo común de nuestros días. ¿Quién me va a negar que, por las oficinas, transitan menos personas que tazas de café? En lo que a mí respecta, casi todos mis ensayos los he escrito inspirado por un Vive100³, del verde . Además, ¿qué es el ocio con el gaznate² seco? Especulo que la mitad de las sonrisas producidas por mi abuela decaerían a la mitad, si el refajo desapareciera de repente. De cualquier manera le quedará como tarea a los sociólogos de alguna importante universidad comprobar mis sospechas. Quizás, alguno logrará demostrar que la vida social rehúye a las mesas sin tinto ni guaro.
Conocer un territorio a sorbos
Dejemos a los doctores de la historia y la sociología embebidos en su ciencia. Que ellos escriban en sus largos tratados las premisas que defenderemos en nuestro blog embebido de vida. Aquella misma que acompaña todos los días con una aguapanela y limón. Retomemos. Las particularidades de la vida de una persona se pueden narrar a través de las bebidas que esta consume. Asimismo, la vida de un pueblo puede conocerse por el flujo serpenteante de sus vasos. En él está la historia de sus costumbres, sus ideas y sus valores. Véase que en los funerales sirven café y no champaña; que el chorrito pa’ las ánimas protege la farra⁴ y el chisme sin perico⁵, engorda.

(Carvajal, G. (s.f.). Motivos típicos de Colombia – Múcuras-Cántaros [Fotografía]. Museo de Arte Moderno de Medellín.
Un mapa a pitillo por el patrimonio gastronómico colombiano
Queda dicho, las bebidas autóctonas de Colombia son también la historia de su gente. ¿Será verdad? En todo el mundo se toma Coca-Cola, pero todo el mundo no es igual. No obstante, esto no es una poción mágica que recablea el cerebro de los seres humanos. Piénsese, que no en todo el mundo se come Pony Malta con Chocoramo a la hora del descanso. Este gran privilegio lo tuvimos unos pocos afortunados que compartimos un espacio geográfico y unas historias de vida semejantes. Al ver estos recuerdos, a veces tan significativos, que compartimos entre nosotros comprendemos que hacemos parte de un mismo destino, que caminamos las mismas calles. Este reconocimiento en el otro es el origen de un nosotros. Y aunque un masato no pueda parecerle mucha cosa, es lo que nos hace partícipes, en resistencia, de las formas de vida originarias de América.
Esta influencia de cultura líquida que pasa por nuestros labios y nos nutre, no pierde vigencia. No se equivoque, no es cuestión de ayer. Cuando uno transita una ciudad, lo hace siguiendo el rastro de sus bebidas, la civilidad y el compartir. Sin ellas, nos sentimos perdidos o, al menos, con sed. Piénsese cómo la farra, en el centro de Bogotá, se pinta de colores con la chicha del Chorro de Quevedo. Y de qué forma, aguantamos la noche entera en este frío tan indolente gracias a un canelazo. Véase cómo, sin importar el calor, Cali se abre ante nosotros con un Champús bien helado. Estos, que son tesoros líquidos de la vida diaria, moldean cómo se ve nuestra vida, cómo se transitan nuestras ciudades y pueblos, como nos relacionamos. Inclusive, me atrevo a decir que cambian el paisaje mismo.
Los paisajes del café
¿Cómo asegurar semejante cosa? y es que suena a anuncio radial, “las bebidas autóctonas de Colombia cambian tu paisaje”. Sin embargo, lejos de ser algo descabellado, habría que considerar cómo se construye todo un entramado económico detrás de cada taza. Del carriel a la yipeta, la producción cafetera nos presenta un panorama cultural único. Lindo como un cuadro de Pedro Nel Gómez, con su belleza, el paisaje cafetero se ha asegurado un reconocimiento como patrimonio de la humanidad.

(Casa Museo Maestro Pedro Nel Gómez [@casamuseopedronelgomez]. (2019, 16, 05). Pedro Nel Gómez, La Danza del Café (1937) [Fotografía publicada en Facebook].
No es para menos. Los granitos que llenan de alegría nuestras mañanas no se producen en masa bajo las frías paredes de una fábrica. Y quienes los cultivan no son simples operarios. Al contrario, el café es el resultado del arduo trabajo de familias enteras que durante generaciones han crecido, como comunidad, alrededor de esta planta. Más que un modelo de producción, es una forma de vida; una manera de hablar, de vestir; una arquitectura; un rojo que invade el verde del paisaje.
Sabroso es el Viche
Si de paisajes inolvidables y llenos de tradición se trata, el Pacífico colombiano no se queda atrás. De los montes antioqueños, sigamos los ríos hacia la costa. No es posible hablar de bebidas autóctonas de Colombia y olvidarse del Viche. Dios nos libre. El Viche es el que llega en lancha. De nombre africano, de lo verde o de lo crudas que son las cañas utilizadas para su elaboración. Un destilado artesanal propio de la sabiduría ancestral de las comunidades afro asentadas en las costas occidentales de nuestro país. Es medicina para el alma porque cura desde un mal de amores hasta enfermedades del estómago, mordeduras de víboras e, inclusive, la impotencia⁶.
No es un licor cualquiera, el viche tradicional hace parte de las bebidas ancestrales de Colombia. Su creación es el resultado de un saber transgeneracional que refleja una forma de habitar el mundo. En el palenque, la naturaleza no sé domina ni se destruye. Al contrario, para vivir y escapar de la esclavitud, los afros aprendieron conocer los tiempos de esta, navegando y habitando las vetas de sus aguas. En las costas que les dieron refugio, ellos cultivan y exprimen la caña de su alegría, de su viche.
Nadie cambia nuestras formas: La chicha

(Torres Méndez, R. (ca. 1860–1910). Tienda de vender chicha, Bogotá [Grabado, litografía sobre papel]. Colecciones Banco de la República.
Ya lo hemos visto, las bebidas autóctonas son una parte de nuestra identidad. Ellas transforman nuestro paisaje y la forma en que vivimos nuestros días. En su ausencia, ni nuestros días ni nuestras fiestas volverían a ser los mismos. Perderíamos una parte de nosotros y de nuestro pasado. Para la prueba, un botón. Hablemos de la chicha colombiana. “Una bebida prehispánica (…), la cual se elabora a base del maíz y su origen se les atribuye a los indígenas muisca, ubicados en la zona Cundiboyacense”⁶. A pesar de su popularidad a mediados del siglo XX, intentó ser prohibida por nuestros mandatarios mediante la Ley 34 y el decreto 1839 de 1948. NO MORE CHICHA.
¿Cuál era el peligro? Una forma de vivir, bastante popular, entre amigos y vecinos. Era una preparación que no seguía las recomendaciones de las revistas de higiene que los preocupados médicos de la época se esforzaban tanto en escribir. Horrorizados, ellos, por las vasijas de barro para el fermento, del maíz molido con los dientes y las manos desnudas del chichero. La chicha era la bebida del salvaje, del criminal, … del indio. O al menos eso decían los políticos con su propaganda. Al prohibirla, se prohibía una forma de habitar nuestra Bogotá. Y si alguien, quería emborrachar y reñir en las calles; lo debía hacer de buena manera, a la europea, tomando cerveza.
Sin embargo, la cosa no quedó así. Una tradición es algo tan arraigado en la gente que no desaparecerá simplemente porque se la prohíba. En La Perseverancia, barrio de Bogotá fundado por trabajadores de la cervecería Bavaria, la gente celebraba como lo hicieron sus padres y sus abuelos, con chicha. Es gracias a ellos que, hoy, con orgullo servimos en nuestras copas la bebida del indígena.
No es chicha ni limoná: es guarapo colombiano
Tacho⁷, hagamos una pequeña pausa en nuestro discurso sobre nuestras siempre refrescantes bebidas autóctonas colombianas. Si este es un espacio de reflexión, considero que no hay mejor espacio para enfrentar un problema metafísico que me quita el sueño. Por favor, que alguien me diga: ¿qué es el guarapo? Francamente, no lo sé. Parece ser muchas cosas. Por ejemplo, llego a la casa un domingo por la tarde, después de la ciclovía. Me recibe mi abuela con una limoná en la mano y me dice: “mijo, mire su guarapo”. Entonces, ¿es una limonada? Muy bien, observemos otro caso para contrastar la evidencia. Veamos, salgo a la tienda y mi viejita, por la ventana, me dice: “mijo, tráigame mi guarapo”. Ella no espera que llegue a la casa con limones ni limonada. Ella lo que quiere es su Saviloe³ que no tiene impresa la palabra guarapo por ningún lado.
Empiezo a pensar que el guarapo es el veneno de elección de cada quién. Puede ser que no sea nada concreto. Ya he buscado por toda la tienda. Nunca he podido encontrar la pulpa de guarapo entre la sección de frutas. Ya no sé dónde más buscar. No está entre los lácteos, las gaseosas ni los licores. ¿Estará junto al kumis?
Empero, ¿qué es el guarapo?, ¿todo es un guarapo? Pues no. El nombre ha referido a diversas bebidas a través de la historia y del mundo. En España es miel de palma disuelta en agua. En Venezuela, Panamá y Cuba, una aromática. ¿Y en Colombia? Aquí es un fermento de azúcar de caña o de panela disuelto en agua. Se prepara al gusto de la región. A veces más fuerte, a veces menos; a veces, incluso acompañado por frutas o miel. Mire, pues, la verdadera diversidad cultural colombiana⁶.
Hasta las heridas nos curamos con la panela
Se me está acabando el tinto. ¿Qué hago? ¿Y si me sirvo otro? Ay, no. Si repito, se me quita el sueño. Poquito porque es bendito, me decía mi mamá. ¿Y mi discurso sobre las bebidas autóctonas colombianas? Quedaré con la boca seca y el vaso vacío, pero todo dicho. Repasemos, así como si tomáramos las onces⁸ juntos, lo dicho hasta este punto.
Lo más importante que nos quede bien claro: la cultura popular colombiana, la de nuestra historia y la de nuestros padres, nos besa la boca en nuestras bebidas tradicionales. Ellas nos acompañan siempre y a todo lado. En su ausencia, el trabajo nos da sueño, el sol es inclemente y la calles es fría. Nos son queridas porque cuando invitamos a la familia y a los amigos, ellas están presentes. Nuestra tierra nos las da y nosotros, en agradecimiento, cultivamos la tierra alrededor de nuestras cañas y cafetales. De perder a nuestras bebidas típicas colombianas, nos perdemos a nosotros mismos. E inclusive, cuando sangramos, con panela nos cerramos las heridas.

Los objetos arqueológicos del galeón San José en proceso de conservación. (2025, 22 de noviembre). Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes – Gobierno de Colombia.
ABC de todas las bebidas autóctonas de Colombia que han aparecido en este blog
- Agua de panela: el melao (jugo de caña de azúcar) se evapora y se concentra en bloques macizos de azúcar que son muy económicos y populares. Este bloque es duro como un ladrillo y para el uso cotidiano, se parte con una piedra de río (utensilio de los hogares colombianos con una importancia semejante al cuchillo “que sí corta” o a la cuchara del arroz). Los fragmentos partidos de panela pueden endulzar el café o los jugos. Sin embargo, estos también pueden ser disueltos en agua hirviendo dando como resultado la famosa “agua de panela”. A veces se acompaña de limón y, cuando se está enfermo, de jengibre rallado.
- Champús: Bebida popular del Valle del Cauca que se realiza con maíz molido junto a la mezcla de un puré de lulo, una piña, canela, clavos de olor, dulce de panela y la ralladura de cáscara de naranja.
- Canelazo: Aguardiente o Guaro (licor de caña) con aromática o, que es lo mismo, infusión de diversas frutas y hierbas aromáticas.
- Masato colombiano: nuestro masato se cuenta entre las bebidas indígenas de Colombia porque proviene de los pueblos originarios de la región amazónica del país. En sus orígenes, para su preparación se fermentaba la yuca molida junto a la miel, el dulce de panela y hojas de plátano. Sin embargo, con los años el procesos han cambiado adecuándose a la tecnologías de la época y la región debido a que su consumo se ha extendido a través del país. En su preparación se suele reemplazar la yuca con arroz, maíz o avena.5
- Pony Malta: Gaseosa de cebada sin licor que imita el sabor de la cerveza y se les da a los niños.
- Refajo: La mezcla de cerveza con gaseosa, usualmente, Colombiana o Kola Román.
Bibliografía:
Bogotá.gov.co. (2 de junio de 2019). La chicha: la bebida de los dioses se trasladó a la cultura bogotana. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/la-chicha-la-bebida-de-los-dioses-se-traslado-la-cultura-bogotana
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. (2021). Cartilla del Plan Especial de Salvaguardia (PES) del Viche/Biche del Pacífico colombiano [PDF]. Sistema de Información Normativa – Mincultura. https://www.mincultura.gov.co/direcciones/patrimonio-y-memoria/Documents/cartilla-PES-viche.pdf
ProColombia. (s.f.). Paisaje cultural cafetero. https://colombia.travel/es/blog/paisaje-cultural-cafetero
Ramirez, C. (2026, 21 de febrero). La historia del decreto que volvió ilegal la chicha y que hasta el día de hoy nadie ha tumbado. Las2Orillas.co. https://www.las2orillas.co/la-historia-del-decreto-que-volvio-ilegal-la-chicha-y-que-hasta-el-dia-de-hoy-nadie-ha-tumbado/
República de Colombia. (1948). Ley 34 de 1948. Diario Oficial de Colombia. Sistema Único de Información Normativa – SUIN-Juriscol. https://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?ruta=Leyes/1590419
Ríos Rojas, J. P., & Sáenz Monsalve, M. (2022). Tesoros líquidos de Colombia. Fundación Universitaria San Mateo. https://www.sanmateo.edu.co/editorial.html
Glosario:
[1] Chuchita o Cucha es la forma en que dentro de la ciudad de Bogotá, capital de Colombia, solemos referirnos coloquialmente a las figuras maternas. Para los que la usamos, la palabra no tiene un referente claro, es decir, no sabemos cómo surgió o a qué hacía referencia en sus inicios. Sin embargo, se especula popularmente que se relaciona a la figura del Dios muisca del arcoíris Cuchavira.
[2] Hay veces en que nuestros padres y nuestros abuelos que vienen del campo colombiano suelen utilizar palabras coloquiales, es decir, palabras que si bien no son muy conocidas a nivel mundial hacen parte de la cultura de una comunidad en tanto que es su particular forma de nombrar al cuerpo y a los objetos del mundo. En este caso, de pequeño, me enseñaron que la garganta puede tener otros nombres: el guagüero y el gaznate.
[3] Hay bebidas que en los últimos años han transformado el panorama de cómo se ve y sabe Colombia; aun cuando la marca comercial ni la patente hayan sido creadas en nuestro territorio. Entre ellas hay dos bebidas comerciales de origen mexicano que se venden por todo el país en los kioscos (tiendas populares) y en las calles:
Una es el Vive 100, una bebida energizante que fue popularizada gracias a una figura importante de la televisión colombiana, el periodista Pirry. Está viene etiquetada en diversos colores según el sabor. La original es una gaseosa energizante a base de guaraná y su etiqueta es verde.
La otra, se llama Saviloe, una bebida realizada a partir del procesamiento de la pulpa de las hojas de la planta de sábila. Aún cuando esta última se comercializada desde hace algunos años en Colombia bajo esté nombre; el jugo de la pulpa de la sábila se ha consumido en país por generaciones en cuanto ha sido considerado como una medicina natural en contra de los males del estómago y un medio para bajar de peso.
[4] La farra es la fiesta, el salir a bailar.
[5] En Colombia, solemos llamarle tinto al café conocido, usualmente, como americano y también al expreso. De igual forma, le decimos perico o pintado al café con leche.
[6] Véase en la biografía Ríos Rojas & Sáenz Monsalve, 2022.
[7] Hace referencia a la forma en que los niños piden hacer una pausa dentro del juego. En la vida cotidiana es una forma de hacer un paréntesis al tema o discusión que se está llevando para hacer una aclaración o hablar de un tema distinto.
[8] Las onces es una pequeña pausa en el día para disfrutar de un café o una gaseosa con una comida pequeña. Es el espacio perfecto para hablar con los amigos y relajarse.