Deportes de Colombia: colectivos más allá de su individualidad

Deportes de Colombia: colectivos más allá de su individualidad

 

El ingenio de nuestros pueblos está hermanado con su dedicación a las pasiones. Los deportes de Colombia expresan los esfuerzos solitarios que enlazan a todo el país

 

Divertirnos es una de las acciones que mejor sabemos desempeñar los colombianos. No es tarea fácil. La agitación contemporánea dicta que la mayor parte de las cosas que hacemos debe ser “productiva”, lo que sea que eso signifique. Aunque en este país trabajamos más de la cuenta, sabemos compensarlo con entretenimiento. Desde chiquitos nos inventamos juegos con nuestra familia, amigxs y vecinxs, y vamos enriqueciendo el divertimento hasta llegar a la adultez. Por ello, los deportes de Colombia son sinónimo de alegría colectiva; al tiempo que son testimonio de esfuerzos y sacrificios individuales y comunitarios. Como si fuera poco, los deportes del país también son la prueba de la capacidad inventiva y de las ocurrencias que hemos tenido desde siempre. Por más popular que sea el juego mundialmente sabemos cómo ponerle nuestro toque, aquí les dejamos el picante que le ponemos a algunos de ellos.

 

El deporte nacional de Colombia

El tejo es nuestro deporte nacional, tan originario de estas tierras como sus creadores: la comunidad muisca. Todo parece indicar que en sus inicios se llamaba como el lugar del que salió su nombre: Turmequé, en el departamento de Boyacá. Era un juego exclusivo de los caciques, que consistía en lanzar un disco de oro a un blanco puesto sobre pasto. En la actualidad, es una reunión de las clases populares y se juega con un disco de metal. La cancha es un tablero de madera recubierto con greda con un arco llamado “bocín” rodeado de cuatro sobres triangulares con pólvora llamados “mechas”. Puede jugarse individual o en equipos.

 

De esta manera, la búsqueda de cada jugador es dar en el blanco y gana quien explota más mechas. También se llevan puntos quienes acierten a quedar dentro del bocín o, si la puntería no es suficiente, a quien llegue más cerca. La calificación se incrementa con cada cerveza bebida a lo largo del juego. Finalmente, para un goce pleno, se aconseja terminar la partida con la fritanga, la pelanga o la gallina que vendan en el local.   

 

La pasión deportiva en Colombia

El olor a pólvora del tejo se siente como juegos pirotécnicos y como la pasión exaltada que tenemos por cada celebración en nuestro país. Ese entusiasmo visceral ha sido extensivo al deporte colectivo más popular en el mundo. Así, el fútbol en Colombia se vive como un carnaval. Cuando juega la sele hay más camisetas y calzones amarillos que un 31 de diciembre. Las calles son una marea amarilla que quedan despobladas al momento del partido. El ruido de los pasos se sustituye por los televisores a todo volumen y los gritos de arenga, angustia y euforia en cada jugada

 

Eso sí, pillar un partido de la sele tiene como mandato la colectividad, nada de cusumbusolos[1] frente a la pantalla o en el estadio. Es un plan para hacerlo en parche, con la familia o los amigos. En caso de que no alcancemos a llegar a la casa, nos abrazamos con el desconocido del bar. Si es su primera vez en Colombia, caiga a una tienda que será bien acogidx.

 

Uniones futboleras

Las familias que crean los deportes de Colombia son una extensión de la práctica. Esto quiere decir que más allá de realizar o ver el juego, es fundamental la manera como nos acerca con otrxs. De ahí que las hinchadas sean más allá que seguidores de un equipo. El fervor con el que vive el fútbol un hincha hace que su calendario esté a disposición de todas las fechas importantes de su club. No se restringe a los partidos; incluye aniversarios, elecciones, compra y venta de jugadores, renovación de camiseta, etc. 


Va más allá, pasa por himnos con coreografias y canciones dedicadas a los ídolos. Cali pachanguero, el Ras tas tas, Estamos melos y, por supuesto, Waka waka, demuestran que nos bailamos hasta los partidos. E, incluso, la pasión por el fútbol puede determinar el nombre de sus hijos en honor a los jugadores, las jugadoras o al mismo escudo. Prueba de ello son los nombres Millos, Deportivo Independiente Medellín, Santafecita, entre otros tantos.

 

Escarabajos de montañas

Las montañas de este trópico recibieron los velocípedos europeos a finales de siglo XIX. Poco después, durante los primeros años de 1900, comenzaron a ser usados por las élites con la intención deportiva y de ocio. Sin embargo, en la década de 1930 se produjeron las apariciones de diferentes competiciones que difundieron las bicicletas. En consecuencia, trabajadores y campesinos empezaron a andar en ellas para transportarse. Cuando Efraín Forero —jornalero que tenía la cicla como vehículo— ganó la primera vuelta a Colombia en 1951 fue un triunfo del pueblo. Esa misma década, la transmisión radial dio el nombre a los ciclistas de Colombia; un periodista bautizó como escarabajo a Ramón Hoyos. El apodo dado al pentacampeón de la vuelta a Colombia llega hasta nuestros días, así como la tradición de subir la montaña con el pedal.

Del Cochise Rodríguez a Nairo Quintana hay una historia que emparenta el ciclismo con el fútbol. La empatía generalizada que causa la historia del deporte en Colombia se debe a los orígenes más cercanos al esfuerzo individual de nuestros atletas. En su mayoría cuenta historias que nos hinchan el corazón por la perseverancia de su trabajo. Al tiempo, hablan de la ruptura del privilegio como garantía de triunfo en las pasiones. La financiación estatal al deporte en nuestro país es limitada —para no decir inexistente—. Aun así, la labor y la calidad de nuestros deportistas salta a la vista. Son tantos nombres como disciplinas que no alcanzan a ser mencionadas en estas letras. 

 

 

Deportes por región en Colombia

Nuestra tierra de mar y río ha visto surgir e implementar prácticas saludables que se acomodan a la geografía de cada zona del país. Esta cuna de biodiversidad y cultura popular forja deportes de acuerdo con las condiciones climáticas, topográficas, culturales y hasta alimenticias de sus atletas. Así, dependiendo de la altitud y las fronteras encontraremos diferentes disciplinas en cada rincón.

Caribe: los deportes de mayor concurrencia, y entre los que se destacan mayores figuras, son el béisbol y el boxeo. El béisbol cuenta sus días en Colombia desde finales del siglo XIX, pero ganó posicionamiento en la segunda mitad del siglo XX. Llegó por la expansión que tuvo de Estados Unidos hacia el Caribe. Al igual que casi todas las prácticas deportivas, estaba destinado inicialmente a los hombres. No obstante, el sóftbol —una variación del béisbol con pelotas más grandes— ha ganado un posicionamiento en la práctica femenina.  Por su parte, el boxeo ha sido uno de los deportes de Colombia que más triunfos nos ha dado. Contamos con 34 títulos mundiales y cinco medallas olímpicas. Su práctica fundó junto con el ciclismo los hitos por los que fuimos reconocidos en las competiciones internacionales más importantes del siglo XX.

Andes: está probado que nos gusta andar sobre ruedas. Para recorrer las montañas y movernos con agilidad es mejor aún llevar las ruedas en las plantas de nuestros pies. De tal manera, el patinaje de velocidad es una de las prácticas con mayor historia en el país. Más allá, la riqueza de su ejecución nos ha posicionado como potencia mundial de la disciplina. Al tiempo, es el deporte nacional con más triunfos internacionales. Entre 2000 y 2022 fueron conquistados 19 títulos mundiales, para un total de 732 medallas: 349 de oro, 242 de plata y 141 de bronce. 

 

Deportes de Colombia del Pacífico al Amazonas

Pacífico: la región a la que le debemos el mayor número de medallas olímpicas y que ha marcado la parada en el orgullo deportivo colombiano. El pacífico ha roto la barrera del racismo estructural ante la falta de acceso a derechos básicos y la desfinanciación del deporte. Lo ha superado a través del talento individual de sus atletas. Entre las disciplinas de mayor prestigio se encuentran el levantamiento de pesas, el atletismo y lucha libre. Todas con medallas olímpicas en sus participaciones.

Amazonas: a lo largo del cauce del río más largo y caudaloso del mundo es casi perogrullada decir que los deportes acuáticos son los más practicados. La pesca deportiva, el remo, el canotaje y la natación en aguas abiertas pasaron de ser disciplinas de supervivencia a tener un sentido de divertimento. Echar pala, o sea, sumergir el remo en el río, ha pasado de un instrumento de navegación y medio de transporte a competición. En la realización de los Juegos deportivos de la Orinoquía y la Amazonía resaltan, además, otras dos prácticas de menor frecuencia en el resto de Colombia. Estas son el tiro con arco y el tiro con cerbatana, autóctonas de la región.

 

Prácticas tradicionales

De acuerdo con esos deportes auténticos, llegamos a aquellos con los que compartimos la raíz con otras latitudes. Sin embargo, sabemos que nos gusta ponerle el toque secreto a todo y que hemos engallado los juegos para que sean celebración de nuestros pueblos. Es por eso que, aunque el juego de la rana tiene un origen incierto, al parecer inca, el posicionamiento en Colombia viene del campo. En la actualidad, la popularidad de la rana saltó de la ruralidad a la ciudad y puede encontrarse la endémica bolirana. Esta variación originalmente colombiana consiste en lanzar balines metálicos a una mesa con agujeros y figuras de ranas. Se ha reproducido al punto de encontrar boliranas brincando por muchos bares de Bogotá.

En el mismo sentido, podemos encontrar el bolo criollo, patrimonio cultural de Santander. Una mezcla entre el sistema de juego del tejo con elementos del bowling (bolo americano). Tiene canchas especiales dispuestas para su práctica, y, si está interesadx en practicarlo, no más es que se dé una rodadita por cualquier pueblo santandereano. Cada uno de los 87 municipios cuenta con, al menos, una arena dispuesta con pines de madera y bolas de aluminio para derribarlos.

Finalmente, en nuestro recorrido de deportes tradicionales de Colombia encontramos la chaza, riqueza quechua del suroccidente colombiano. De su origen sabemos que es prehispánico y que tanto incas como aztecas tenían juegos similares. Su objetivo es lanzar una pelota golpeándola con la mano en una cancha delimitada por líneas dividida a la mitad. En ella se posicionan los equipos que tienen como misión que el balón rebote dentro del campo rival sin que el otro equipo pueda devolverlo.

 

Competencia de la diversión

Con todo lo dicho, salta a la vista que la cultura deportiva en Colombia está arraigada y hace parte de la construcción de nuestros territorios. Cuando decimos que los héroes en Colombia sí existen nos referimos a las historias de quienes han vencido obstáculos socioeconómicos. Hablamos de quienes han conquistado hazañas inimaginables para ellxs mismos. El orgullo deportivo colombiano está representado en el tesón de lxs atletas que con la dedicación para cultivar su talento hacen vibrar todo un país.

Por tanto, el mundial de fútbol de 2014 es inolvidable; el subcampeonato suramericano de la selección femenina de 2025 nos estremeció. Igualmente, recordaremos a Egan Bernal, el primer latinoamericano en ganar el Tour de Francia. Ni hablar de Édgar Rentería, quien ganó series mundiales y fue reconocido como el jugador más valioso de la serie mundial de béisbol. O de Antonio Cervantes, Kid Pambelé, nuestro primer campeón mundial de boxeo; y de Yuberjen Martínez, medallista olímpico en 2016. Los nombres tan sonoros de María Isabel Urrutia, Mariana Pajón, Catherine Ibargüen o María Luisa Calle nos dieron medallas y lágrimas de felicidad. Para zambullirnos por último en quienes han recorrido el mar con osadía: la apnea de Sofía Gómez y los clavados de Orlando Duque.

La lista es mucho más extensa, seguirá siendo nutrida siempre que reconozcamos nuestro talante. Del lado de las letras, la narración y la hinchada estaremos presentes para arengar y aplaudir las gestas deportivas tricolores con aroma a café.    

 

 


 

[1] De acuerdo con el Bogotálogo: “Individuo solitario y de hábitos poco sociales. Hay quienes creen que la expresión está relacionada con viejo seriado televisivo llamado Cusumbo, del que no es posible conseguir ni un solo capítulo, y cuyo personaje protagónico era un carismático pequeñuelo de la calle”.

 

Escritora: Laura Campo

 

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